¡NUEVO! BIBLIOTECA ORO ROJA nº 27, COLECCIÓN MOLINO (I) nos. 19 y 23, MAUCCI VIAJES Y AVENTURAS nº 6

FRAGMENTOS DE UNA BIBLIOTECA POPULAR HACIA 1950

A la memoria de Sisinio Martínez, mi tío,
gran aficionado a los toros y ávido lector de novela popular,
con el afecto de su sobrino, a quien no llegó a conocer.


Curiosidades de un tiempo ya pasado para unos, objetos de colección para otros, materia de investigación para estos, fetiches nostálgicos para aquellos, refugalla en forma de papel -finalmente- para la mayoría, las novelas populares tienen por encima de todo una gran virtud que casi nadie les podrá negar. En efecto, estos humildes cuadernos de papel de pulpa saben descansar pacientemente en el fondo de los baúles, inmóviles y silenciosos, a la espera de esa mano que delicadamente venga a retirar el polvo de sus páginas para rescatarlas del olvido... O de aquella otra, siempre escrupulosa y a veces airada, que de manera displicente los apile en un montón -cuarteados ya sus lomos y rasgadas sus cubiertas- para convertirse en pasto de las llamas en el vientre de una caldera o mezclarse desordenadamente en un atadijo junto con periódicos, revistas y papeluchos de toda laya camino de la planta de reciclaje en ese último y fúnebre transporte que es el carro del trapero.


Mano la mía desde siempre perteneciente a la primera de las categorías mencionadas, hace algunos días tuvo la suerte de dar, mientras rebuscaba en el interior de un polvoriento baúl, con una treintena de novelas populares que habían escapado a precedentes perquisiciones. Ocultas bajo el peso de gruesas pilas de viejos y elegantes ejemplares de "Elle" y "Paris Match", disimuladas entre series completas de la práctica e ilustrada revista agraria "Surco", perdidas, en definitiva, en los rincones de un cofre que debió ser cerrado a más tardar en 1960, aparecieron estas publicaciones que hoy les presento, primas hermanas de aquellas otras que forman parte de mi colección y que en algunos casos también fueron rescatadas de la incuria en que se hallaban en el fondo de armarios trasteros o en los anaqueles y repisas de desvanes olvidados.


Suele el coleccionista apreciar sobre todas las cosas el orden y el concierto con que se alinean en las estanterías los números de las novelas que con tanto esfuerzo ha ido reuniendo con el paso de los años gracias a sus periódicas visitas a los libreros de lance, almonedistas, vendedores del rastro y otros mercaderes de lo efímero. En este caso, sin embargo, el aficionado se despoja de sus ropajes de monomaníaco para hacer unos pinitos en el campo de la sociología histórica. Nada más cierto, pues tanto o más valor tiene el descubrir agrupadas desde hace cincuenta o sesenta años unas cuantas novelas populares que el ganar un raro ejemplar para su gabinete de curiosidades  La razón es simple, las novelas así conservadas nos revelan los hábitos y gustos de su antiguo propietario, el trato que les dispensó, dónde y cómo las adquirió, junto con otras muchas informaciones de interés que pueden colegirse de los signos e indicaciones con que dejó marcadas sus páginas. Sellos de biblioteca, firmas y garabatos que muestran el nombre del propietario, el hostal o pensión al que pertenecieron o la fecha en que se leyeron... Recetas médicas, prospectos, imágenes devotas y no tan devotas, carteleras, títulos de transporte, pétalos de flor, esquelas y tantos otros papeles que jalonan las páginas de estas novelas y nos ilustran sobre aspectos cotidianos y personales de la vida del lector... Cálculos apresurados, cuentas minuciosas, estadillos y balances que nos hablan de las preocupaciones e inquietudes sobre el estado de su economía doméstica... Matrices de cupones, sellos y referencias de las librerías donde se adquirieron que nos informan, si se sabe bien leerlas, de su lugar de residencia o de los viajes regulares o extraordinarios que realizaba... En fin, tengo el propósito de mostrarles en su momento algunos de los "objetos colaterales" que se encuentran en estos libros viejos y que todavía conservo, incluído -fíjense- ¡un billete de cinco mil pesetas!


Pero eso será en otra ocasión. Ahora me conformo con mostrarles este manojo de novelas, publicadas aproximadamente entre 1940 y 1950 que pertenecieron - obviamente, juego con ventaja- a un tío abuelo mío y, por lo que veo, fueron  algunas de ellas compartidas con su hermano, mi abuelo, e incluso con mi propio padre, cuando pasaban temporadas en su compañía. Por no hacer demasiado larga la entrada he dejado de lado bastantes más, entre las que se cuenta un buen número de ellas sin tapas, que deberían sumarse a otra centena de publicaciones que ya he incorporado hace tiempo a mi colección de Biblioteca Oro, Viajes y AventurasAmarilla de Maucci, El Coyote, El Yacaré, La Novela Argos, FBI, Marisal y otras que ahora no recuerdo.


Algunas de ellas llevan la conocida matriz de Librerías de Ferrocarriles, lo que viene a indicar que fueron adquiridas en la estación, antes de coger un tren, probablemente en las de León, Valladolid o Palencia, recorridos que realizaba con frecuencia, si no lo fueron en la madrileña estación de Príncipe Pío, al regreso de unas ferias de San Isidro, que no se solía perder. En relación con los géneros, parece que sus preferencias se inclinaban por las novelas del oeste y las policíacas aunque por otras novelas, rescatadas hace casi treinta años, se que también le gustaban las de aventuras.


Entre los títulos que recogemos se encuentran dos ejemplares de la Revista "Letras", que se imprimía en las prensas del "Heraldo de Aragón" y era distribuída en exclusiva por Librerías de Ferrocarriles, cuyas oficinas centrales estaban en Madrid (Calle Valenzuela, 6 principal). Esta revista se presentaba en formato digest e incluía, como así lo hace constar en el índice, "una novela larga completa", una obra teatral y varios cuentos, así como secciones variadas sobre cine, moda, consultorio grafológico, etc.


Acompañan a los anteriores, dos títulos de la editorial Grafidea. El primero, de la curiosa colección "Ediciones de Bolsillo", que fue de las primeras en aparecer en este formato, presentando al "gran detective español" Aquiles Martín, en novela firmada por César de Montserrat y publicada en febrero de 1944.


Contiene este ejemplar una curiosidad añadida, la de promocionar como relleno de una de las páginas sobrantes del último cuadernillo a Radio Andorra, que hasta ese mismo año fue el único puesto emisor en lengua francesa que desarrollaba su actividad sin control por parte ni de los aliados ni de los alemanes ocupantes o del gobierno de Vichy.


El segundo, de la colección "Publicaciones Cinema", que en este caso contiene la novela Escipión el Africano, de J. Canellas Casals y cuyas páginas interiores incluyen fotogramas de la película italiana del mismo nombre de 1937, dirigida por Carmine Gallone.


Les siguen ejemplares de las editoriales y colecciones siguientes:

- Marisal (Aventuras, Serie Emoción, nº 30) con una novela de Henry de Vere Stacpoole, "La presa del buitre", con portada de López Rubio (véase más arriba).


- SGEL (M.I.E. -Misterio, Intriga, Emoción- nº 5), novela de Gary Wells titulada "El abogado que asesinaba", portada de Tomás Porto.



- Echevarría (con dos nombres distintos para una misma colección/editorial: "Pluma y "Familia"), que incluyen sendas novelas de Willy Astor (suena totalmente a seudónimo, pero no lo he podido confirmar); "La espía de los ojos verdes" (Pluma, nº 3), portada de Sebastián (más arriba), y "El hombre que se evaporaba" (Familia), sin firma del portadista y sin fecha.



- Aguilar (Detective, nº 62) con una novela de André Armandy "El gran crepúsculo", de cuya portada desconozco el autor.



- Bruguera (Biblioteca Iris, Serie Policíaca, c. 1944), con "El loco asesinado", de Oscar B. Montenegro y portada de Salvador Mestres (dibujante conocido por sus viñetas para el TBO).



- Ediciones España (Novelas de Gauchos nº 3, 1946), con "El bosque de piedra", de Federico Mediante y portada de A. Leal. Esta colección tuvo como autores en exclusiva al mencionado Federico Mediante y a Eduardo de Guzmán (Edward Goodman).



- Ediciones Betis (Biblioteca Rocío, Vol. LX), con "Un rapto misterioso", de Marcel Idiers y portada de Riera Rojas.



- Editorial Cies (Biblioteca X, Serie Policíaca, nº 1, 1943), con una novela de Dan Lewis (seudónimo de Marcial Lafuente, como nos indica oportunamente Jorge Tarancón), "El crimen perfecto" y portada de V. Pardo.



- Editorial Cliper (Fantástica, nº 3, 1946), revista que incluía varios relatos firmados por H.C. Granch (Enrique Cuenca Granch), con portada de Moreno e ilustraciones interiores de Jaime Juez y Francisco Darnís, entre otros (más arriba); (Pueblos del Oeste, nº 19, Enero de 1950), con la novela de J. León "Guerra en la pradera" y portada de Tomás Porto.

En definitiva, fragmentos de una biblioteca popular que nos trasladan hasta aquellos años cuarenta del siglo pasado en que las novelas, junto con la radio y el cine (este último, principalmente en las aglomeraciones urbanas), constituían los pilares del entretenimiento de un gran número de españoles. La novela popular conoció entonces sus mejores momentos, con infinidad de editoriales y colecciones, que hoy consituyen un patrimonio de interés sociológico e incluso histórico, aunque para muchos no sean más que papeles amarillentos, portadores de infraliteratura sin valor alguno, que no merecen ser preservados ni estudiados. Me pregunto porqué los tebeos han merecido mejor destino que las novelas populares y, a pesar de los múltiples intentos, no encuentro todavía una respuesta lógica. Entretanto, como muchos otros seguidores de Acotaciones amantes de este género de cosas, seguiré rebuscando en los baúles con la esperanza de encontrar más claves de la vida íntima de los españoles de entonces a través de estas humildes compañeras de de sus ocios.

© E. Altés, 2011

8 comentarios:

El Abuelito dijo...

...creo que el único motivo por el que los tebeos han conocidom una (relativa) mejor suerte que las novelas populares reside en la forma pasional en que en la infancia son devorados, en una época en que la sesera está casi virgen de experiencias en torno a la ficción, lo que establece una duradera ligazón con esos objetos, PRIMEROs que muestran su capacidad de trasportar a otros mundos y que por ello mismo dejan indeleble huella...
Al ser leídas en edad (algo) más adulta, la dependencia sentimental respecto a las novelas, por mucha que sea la emoción que su lectura nos despertase, no logran establecer con nuestro subconsciente una relación tan duradera y profunda...
Por otra parte, qué maravilla de artículo...¡Anda que no hace años que no tengo oportunidad -y no será porque no lo añore- de meter las manos en un cofre d elas maravillas como este del que usted habla! ¡Menuda envidia me da...!

El Abuelito dijo...

¡¡Y menuda cabecera hermosa la nueva...!!

Altés dijo...

La idea del texto de la cabecera se la debo a usted, que fue el primero en colocarme el acertado sobriquete de lector... de folletines. El diseño, todavía mejorable, se explica por sí mismo.

En cuanto a su razonamiento, irreprochable por otra parte, se rescribe al interés personal y a los vínculos que se establecen con las cosas en la infancia, con su evidente proyección en la literatura crítica y la promoción de la historia del tebeo. Pero queda ese otro interés llámese público o institucional al que seguramente mi romanticismo me lleva todavía a apelar. Todavía estamos esperando en Madrid ese museo o centro del papel y la ilustración proyectado... De todos modos, algo ocurre en nuestro país pues, como usted bien sabe, en Francia la actividad en torno a la novela popular es notable. No digamos ya los Estados Unidos o Canadá, donde esto es una auténtica religión para muchos (incluídas universidades). ¿Es que por haber sido más pequeña o limitada la actividad editorial española entre, pongamos, 1930 y 1960, presenta menor interés o no merece menos atención?

A última hora, como usted deja entrever en su comentario, todo esto nos da bastante igual, porque se trata más de un asunto personal, lleno de placeres como el que usted evoca con el descubrimiento del tesoro en el arcón.

Gracias como siempre, Abuelito, por venirme a ver.

donjorge dijo...

..dos pequeños comentarios.
El ilustrador de la novela de Gauchos es A.Leal (Amable Leal) portadista habitual de muchas novelas de Dólar y Rollán.
El firmante (Dan Lewis) de la novela de Biblioteca X Policiaca es realmente Marcial Lafuente Estefanía.
Saludos,
Jorge

El Abuelito dijo...

Algo se ha hecho, no en el terreno institucional, desde luego, pero sí, a escala menor que en Francia (lo que es habitual hace siglos, y referido a todos lo terrenos culturales), con frutos escasos en cantidad pero ricos en contenido: los dos tomos de Robel en torno a la novela popular, y el libro de Fernando Eguidazu acerca d ela historia del folletín. Primeras y acertadas aproximaciones, a las que pocas han seguido... Está Barsoom, excelente revista, pero con poca atención al pulp hispano... Y las publicaciones e impagables catálogos de Don Jorge, a quien se saluda desde aquí...
¿Un centro en Madrid dedicado al papel y a la ilustración, a la cultura de masas impresa? ¿No será eso eso como creer en dioses, monstruos o utopías?

Altés dijo...

Gracias a Don Jorge por la corrección y el apunte, que viniendo de él no pueden ser más precisos.

En cuanto a los libros de Fernando Eguidazu y el propio Jorge Tarancón, qué decir... a mi se me han hecho imprescindibles. Los tengo constantemente a mi lado para asistirme en mis torpes movimientos por el universo del pulp hispano.

En cuanto a ese centro,que creo se llama Casa del Lector y tiene como director al ex-ministro César Antonio Molina, según mis noticias -seguro que Jorge las tiene más frescas- los fondos en cuanto a novela popular se refiere están listos. También se que la Fundación Germán Sánchez Rupérez está en el origen de este proyecto y que su sede estará en el antiguo matadero de Madrid. Hasta ahí es donde llego.

andres dijo...

¡Qué emoción, qué suerte, la de revolver un montón de papel encontrando inesperadas joyas! Es verdad que la manía del coleccionista es integrar los ejemplares en perfecto orden en la estantería, junto a sus hermanos, pero la verdad es también que resultan mucho más sugerentes antes de ese proceso, cuando se mezclan con otros retazos de vida como los que describe, objetos comparables a reliquias de verdadera arqueologia. Es como comparar el insecto vivo al qu queda clavado en el alfiler del entomólogo.
Es un placer impagable su blog.

Altés dijo...

La comparación no puede ser más afortunada, Andrés. Acierta usted en distinguir entre la vida y sus representaciones. Añadiría a lo dicho sobre los aspectos del vivir cotidiano de los antiguos propietarios de estas novelas -que uno puede entrever si se observa atentamente- el hecho de que este tipo de lecturas ligeras posiblemente les permitiera a muchos no sólo evadirse, sino quizá reflexionar al mismo tiempo sobre cosas tales como una preocupación del momento, una ilusión colmada o por colmar, un amor realizado o todavía insatisfecho... En este último sentido, faltan aún en mi pequeña colección de "objetos colaterales" ("retazos de vida" es perfecto, pues me parece mucho más preciso y a la vez más poético) unas endechas garrapateadas en el margen o en la contracubierta de una de estas novelitas por un amante arrebatado en medio del fuego de su pasión. No descarto topármelas alguna vez...