¡NUEVO! BIBLIOTECA ORO ROJA nº 27, COLECCIÓN MOLINO (I) nos. 19 y 23, MAUCCI VIAJES Y AVENTURAS nº 6

LA REINA DEL ANTÁRTICO (DIAN OF THE LOST LAND)

La reina del Antártico, Biblioteca Oro nº 142, Molino,
Barcelona, 1943, ilustración de Juan Pablo Bocquet

Hacía tiempo que en los cajones de silicio de mi ordenador venía dormitando el texto de una entrada sobre la magnífica novela de Edison Marshall titulada La reina del Antártico. Este libro ocupa un espacio importante en mis recuerdos literario-populares por ser uno de los primeros ejemplares de la Biblioteca Oro de los que guardo memoria. Efectivamente, La reina del Antártico estaba entre la pila de novelas encontradas en un viejo armario con las que empezó, allá por los setenta, mi inveterada atracción por el papel amarillento. Sin duda, el bocquetiano rostro de mujer que desde hace algún tiempo preside orgullosamente Acotaciones tuvo mucho que ver con mi temprana inclinación hacia el arte menor en todas sus manifestaciones.

Es cierto, aquella mirada distante y cautivadora, perfilada sobre un extraño e inquietante sol de medianoche, parecía que trataba de arrastrarme a un credo nuevo, entonces lleno para mí de misterios insondables. Sobre aquellos paisajes lejanos de mi infancia irradiaba su luz, secreta y subrepticiamente, como venida de las cavernas fosforescentes de un pasado muy lejano. Tan lejano, que las tapas de ésta -igual que las de las otras polvorientas novelas que yacían en aquel armario- estaban cuarteadas como la vitela en que se suelen dibujar los mapas del tesoro, mientras que sus abarquilladas hojas desprendían el olor a moho de los códices ocultos sobre saberes perdidos que pueblan las páginas de los relatos fantásticos.

¡Fantasía..., qué maravillosa palabra! Seguramente aquella ajada cubierta definía mejor que ninguna otra cosa lo que para mi significaba entonces el término. Pero sin duda también tenían algo que ver con ella -al ejercer sobre mí su ensoñadora influencia- el particular aroma del papel de pulpa de aquellas novelas, su tacto áspero y desabrido, el chasquido como de lija al rozar una página contra otra... Estoy seguro de que aún hoy, al realizar cotidianamente nuestros penosos viajes por lo terreno, sigue ardiendo en muchos de nosotros, inextinguible, la llama de la fantasía, único medio al alcance para ahuyentar los terroríficos espectros de la realidad.

Cubierta de la primera edición de Dian of the Lost Land
(H.C. Kinsey & Co., New York, 1935)

Potencialmente clasificable dentro del subgénero lost race como del de aventura prehistóricaDian of the Lost Land fue publicada por primera vez en 1935 de forma simultánea en Estados Unidos y en Gran Bretaña (H.C. Kinsey and Co. y Hodder & Stoughton, respectivamente, fueron quienes se encargaron de darla a la imprenta). Tras la primera edición en formato de libro, esta novela de Edison Marshall encontraría un público masivo gracias a su publicación en el número correspondiente a abril de 1949 del pulp magazine Famous Fantastic Mysteries (Vol. 10, nº 4) cuya cubierta, a cargo de Lawrence Sterne Stevens (1884-1960) retrata a una sugestiva Dian, protagonista última del relato, en ademán de invocar a los dioses del sol y de la luna, transfigurada en objeto de atracción sexual genuinamente pulp. Las ilustraciones interiores son obra nada más y nada menos que de San Virgil Finlay y, por supuesto, no desmerecen en absoluto respecto a la calidad de la cubierta.

Cubierta del número correpondiente a abril de 1949 del magazine
Famous Fantastic Mysteries (Vol. 10, nº 4) en que apareció Dian of the Lost Land

Crónica de ese tan pulpero viaje imposible a un mundo perdido, Dian of the Lost Land narra la peripecia en los territorios antárticos de Karl Belgrade, un famoso antropólogo, y de Adam Weismann, especialista en enfermedades tropicales. Allí realizarán un descubrimiento prodigioso: la existencia de dos razas perdidas, remedo de Cromagnones y Neanderthales, que, envueltas desde tiempos inmemoriales en una guerra alimentada por odios ancestrales  de estirpe, despliegan su ira salvaje en un escenario fantástico de la Edad de Hielo. Llegada la hora, en medio del terror y la barbarie, surge enigmática la figura sublime de Dian, ídolo viviente, símbolo de la pureza y el amor que resiste a los embates de la muerte y el destino…

Portada del pulp magazine Famous Fantastic Mysteries (Vol. 11, Nº 2, diciembre de 1949),
 en la que apareció reeditada la novela de Edison Marshall Og, the Dawn Man,
 con el título de Ogden's Strange Story

Aunque las dotes de Edison Marshall como narrador quedan fuera de toda duda, lo que más destaca en La reina del Antártico, al igual que en las otras obras que he podido leer, es el torrente de su imaginación, que desborda los límites del relato para crear en el lector la sensación de que los mundos que nos describe son posibles, por más que el argumento entre de lleno en el terreno de lo inverosímil. Dentro de la obra de Edison Marshall, la novela más directamente vinculada con Dian of the Lost Land es Og, the Dawn Man, que apareció por primera vez serializada en The Popular Magazine, durante los meses de marzo y abril de 1928, para más tarde ser impresa en volumen bajo el título de Ogden’s Strange Story (H.C. Kinsey and Co., 1934), y terminar publicándose, tras la guerra, en el reputado pulp Famous Fantastic Mysteries (Vol. 11, Nº 2, diciembre de 1949). En ella, el protagonista, Ogden Rutherford, sufre un accidente de avión tras el cual su mente revierte en la de su antecesor Og, el Hombre del Alba, tratando de luchar por su vida en medio de la naturaleza agreste y salvaje del Gran Norte canadiense.

Fotografía desplegada de la edición de bolsillo de Yankee Pasha
(Dell Books, New York, 1947, nº 353)
Edison Marshall (1894, Rensselaer, Indiana - 1967 Augusta, Georgia) debutó como autor en el venerado y venerable magazine Argosy, para después iniciar su carrera como autor de novelas con The Voice of the Pack (1920), carrera que proseguiría con una veintena de obras de éxito entre las que podemos citar Great Smith (1943) Yankee Pasha (1947) Gypsy Sixpence (1949) o  Caravan to Xanadu: a novel of Marco Polo (1952).

Foto de cartelera de la película Son of Fury, título con el que John Cromwell
 llevó al cine la novela de Edison Marshall Benjamin Blake,
 con Tyrone Power y Gene Tierney en los papeles estelares

A lo largo de sus viajes en busca de historias que relatar, Edison Marshall, que utilizaría también el seudónimo de Hall Hunter, adquirió una cierta reputación como cazador de big game. Dos de sus obras fueron llevadas a la gran pantalla, Benjamin Blake (1941) bajo el título de Son of Fury (1942), protagonizada por Tyrone Power, y The Vikings (1958), con Kirk Douglas a la cabeza del reparto, que muchos de los de mi generación recordarán por ser una cinta asidua de los programas dobles.

Edison Marshall fotografiado en algún lugar de Indochina junto a un impresionante
tigre de Bengala, capturado en el transcurso de una cacería, en septiembre de 1931

Por lo que se refiere a las traducciones de sus obras al castellano, antes de La reina del Antártico Molino ya había publicado algunas obras de Edison Marshall en su Biblioteca Oro. En concreto, la serie azul de preguerra incluyó dos novelas, El bloque de jade (nº I-19) y El Misionero (nº I-25). Asimismo, una vez fusionadas las series al terminar el conflicto, de la Biblioteca Oro salieron otras dos novelas, La joya de Mahabar (nº 179) y El hijo de la "tundra" (nº 252). Luis de Caralt publicaría más tarde, la ya citada El hijo de la furia (1955), El teniente de Bengala (1952) y Un castillo en el pantano (1958), que después reeditaría G.P. en la colección Reno (números 29, 44 y 49, respectivamente). En Argentina aparecerían diferentes títulos de Edison Marshall en la editorial ACME, así como alguno en Molino, como La canción de la flecha (Biblioteca Oro Argentina, nº 174). Por su parte, la chilena editorial Zigzag publicaría en 1954 Caravana a Xanadú.

Sublime interpretación del personaje de Dian a cargo de la mano maestra
de Virgil Finlay, ilustración interior de Famous Fantastic Mysteries (Vol. 10, nº 4)

Verdaderas joyas de los géneros fantástico y de aventuras, las obras de Edison Marshall resisten relativamente bien el paso del tiempo. Sobre todo La reina del Antártico, una obra que forma parte de la pequeña historia de nuestro pulp hispánico y que el curioso aficionado sabrá apreciar inmediatamente en lo que vale.

© Altés, 2011


7 comentarios:

donjorge dijo...

Muy interesante entrada, como siempre, amigo Enrique.
Y para completar la bibliografía de Edison Marshall, apunto los siguientes datos:
- La Canción de la Flecha, apareció en el nº 7 de Selecciones de Biblioteca Oro, aquí en España.
- La Campana de la Muerte, en el nº 75 de la colección Aventura, de Prensa Moderna.
Y en diversas colecciones de la Acme Agency, de Buenos Aires, se publicaron también en castellano:

- Dan, el Cazador.
- La espada de Oro.
- La Hora inevitable.
- La Isla de las tres focas.
- Roxana.
- La Mujer Infinita.

Todos estos datos están tomados de un artículo sobre Edison Marshall, que publico el amigo Alfredo Lara, en 1992, en el nº 1 de su revista Opar.
Un abrazo,
Jorge

Altés dijo...

Dicho queda, Don Jorge. Es siempre un privilegio contar con el atinado concurso de los grandes aficionados para completar las entradas de Acotaciones.

De paso, añadamos para redondear otra novela de Edison Marshall publicada en castellano, "Cortés y Marina", publicada en la argentina Ediciones Selectas.

El Abuelito dijo...

...Cuánto me ha gustado su entrada, devoto como soy de la Serie Azul... Del señor Edison leí con agrado El bloque de jade y La joya de Mahabar... y esta Reina caerá en breve, que la lectura de su comentario me ha hecho segregar jugos pavlovianos: "el olor a moho de los códices ocultos sobre saberes perdidos que pueblan las páginas de los relatos fantásticos": no se puede expresar con mayor precisión...

andres dijo...

Antológica reseña. Como otras veces, tiene el acierto de dar forma a los sentimientos o intuiciones que se asocian al contacto con el papel amarillento... lo curioso de esta pasión, iniciada de forma imprescindible en la infancia, es que con el tiempo la fascinación se traslada de los contenidos de los ejemplares al soporte mismo. Autores y relatos y aventuras se hacen casi accesorios para que las ensoñaciones se basen en el propio ejemplar de la novela, el placer en el tacto, la vista y el olfato, y la aventura se convierta en el rescate de la obra a través del tiempo y del olvido. Estas cosas explican que algunas piezas raras de encontrar (pienso ahora en los tebeos) alcancen precios exorbitantes, como los ejemplares de caza mayor, sin que su valor artistico tenga ninguna relación con el pecuniario.

Altés dijo...

Azul es el color de la aventura en España, Abuelito... gracias al Sr. Zendrera y su empeño en sacar algo parecido a Blue Book. Me resulta difícil escoger entre La Novela Azul y la Biblioteca Oro Azul... Una solución salomónica es que nos quedemos con ambas.

Altés dijo...

Exacto, amigo Andrés, usted lo describe perfectamente al apuntar que "las ensoñaciones se bas(a)n en el propio ejemplar de la novela"...
En primer término, la portada; después, el papel amarillento, su olor, su tacto, hacen que la novela cobre vida a través de uno, es un FETICHE que permite al iniciado (desde la infancia algunos estamos llamados a este tipo de medicina chamánica burguesa y occidental) trasladarse en el tiempo para conectar con los antepasados, jugar con el espacio y moldear a su antojo los escenarios de la vida y de la muerte, formar hechizos de protección frente a lo zafio y lo vulgar que nos rodea, reconocer -finalmente- a otros brujos capaces de oficiar y obrar maravillas con sus respectivos fetiches. A esto último lo llamo yo "la cofradía de los buhoneros del ayer", de la que usted forma parte. No le quepa duda de que por eso nos entendemos tan bien.

El Abuelito dijo...

Leída y disfrutada... grandes momentos bien evocados, la caza del mamuth, erl ataque de los neanderthales... una sociedad prehistórica, esos sí, muy afín a los valores y mitos arios tan en boga por entonces...