¡NUEVO! BIBLIOTECA ORO ROJA nº 27, COLECCIÓN MOLINO (I) nos. 19 y 23, MAUCCI VIAJES Y AVENTURAS nº 6

ISIDRE MONÉS, EL ÚLTIMO MOHICANO DEL PULP ESPAÑOL


Hace algunas semanas tuvimos el privilegio de recibir la visita en Acotaciones del pintor e ilustrador catalán Isidre Monés (Barcelona, 1947), a cuyo excelente trabajo habíamos dedicado hace tiempo un pequeño espacio con motivo del artículo consagrado a la colección “El Club del Misterio” de la editorial Bruguera, de la que fue autor de la mayoría de sus portadas. Enseguida entablamos un animado intercambio epistolar que condujo a la realización de la entrevista que ahora presentamos a todos nuestros amigos y seguidores. A lo largo de la conversación, Isidre se nos muestra en sus diferentes facetas como creador, aceptando con inteligencia y fino humor que desde Acotaciones tratemos de arrimar el ascua a nuestra sardina, es decir, la ilustración y  la literatura populares. Una dimensión editorial que en los años ochenta del siglo pasado, ya entonces declinante, experimentó un súbito reverdecimiento merced a la aparición de una extraordinaria colección, “El Club del Misterio”, con la que se puso un dignísimo punto y aparte a la brillante historia del pulp hispano. En su calidad de penúltimo gran representante de la ilustración popular en España –con ese calificativo no hacemos sino expresar nuestro deseo de que el pulp, en forma digital u otra, pueda resurgir un día de sus cenizas- pero por supuesto también como artista reconocido en diversos ámbitos, tales como el cómic, la pintura o la publicidad, es un honor tener hoy en Acotaciones a Isidre Monés, agradeciéndole el tiempo dedicado a una entrevista que esperamos sea muy del agrado de todos vosotros.
A TODO COLOR

ACOTACIONES: Isidre, acostumbras a definirte como un artista polifacético, más por el tiempo, las circunstancias y el país donde te ha correspondido vivir que por voluntad propia, ya que sueles decir que si hubieses vivido en los Estados Unidos tu especialización hubiera resultado inevitable, consagrando tus esfuerzos a ser, por ejemplo, el mejor dibujante de locomotoras –uno de los temas favoritos de tu juventud- y no a abordar trabajos tan dispares como los cromos, la publicidad, los juegos de mesa, la ilustración de libros y, no podemos olvidarlo, el cómic… ¿en cuál de estas facetas te has sentido más satisfecho y con cuál te has sentido más cómodo?

ISIDRE MONÉS: Lo cierto es que el tiempo, las circunstancias y el país, me situaron en el mejor de los escenarios; no tengo, para nada, un carácter rutinario, y la variedad me ha proporcionado alicientes para poder trabajar más horas que un reloj y no guardar la mayoría de fiestas de “idem”. Dibujar doscientas cincuenta locomotoras en cuatro meses, tres por día, te deja servido para los restos, lo sé por experiencia (un buen recuerdo para los catálogos de Marklin, Lima, Electrotrén…). Pero pasar cuarenta años dibujando de todo… y cuando digo TODO, no es una forma de hablar, no tiene precio… bien, de hecho lo tiene, aunque cueste cobrarlo. ¿Cómodo? Pues con casi todo, menos con Disney, que era un contínuo “padesser”…

A.: Aunque en alguna otra entrevista das cumplida cuenta de tu trayectoria profesional, me gustaría que hablásemos de tus inicios, especialmente (pues este maravilloso arte menor, hoy casi perdido, es materia predilecta de muchos de nuestros cofrades) de los álbumes de cromos que ilustraste al comienzo de tu carrera…

I.M.: Bueno, bueno… ¡Cromos! Justo cuando estoy aquí, pergeñando una teoría del cromo, recibo la noticia de que Ediciones B reedita tres de los álbumes de cromos que marcaron mi infancia, uno de ellos “Maravillas de mundo” del gran Miguel Conde, con el cual conviví tres años, a mediados de los sesenta, en su casa-taller, como un aprendiz renacentista. Verás… en cinco años, de los doce a los diecisiete, yo pasé de ser un compulsivo coleccionista de cromos a dibujarlos. Fue cumplir mi mayor sueño. Con él dibujé trenes, coches, temas históricos, La vuelta al mundo con Bimbo y un largo etcétera; aprendí cuando pude de sus técnicas y trucos, a documentarme sin Internet, a convertir en color imágenes en blanco y negro, lo que aprendí con él, me ha acompañado toda la vida.

Ahí va la teoría. A finales de los 50, nuestra infancia era en blanco y negro, los libros escolares, llevaban texto y unos dibujillos a pluma en riguroso blanco y negro (excepto algún mapa). Los pocos libros juveniles de aventuras, lo mismo, blanco y negro, menos la cubierta. La tele del vecino, para los “Amigos del lunes” o las copas del Madrid, (blanco y negro, ala de mosca). También en blanco y negro eran la mayoría de las películas del sábado por la tarde en el cine de barrio. El color, lo teníamos en aquellos cromos, que en sobrecitos de tres, treinta céntimos de peseta, comprábamos un par de veces por semana en el kiosco, junto con el Capitán Trueno (también en blanco y negro). Otra cosa era que, al no aparecer en nuestra vida de golpe, sino a pequeñas dosis, como aquella otra santa institución de mi juventud y madurez, los fascículos, las ilustraciones se grababan en nuestros cerebritos vírgenes de imágenes -sin reportajes de La 2, ni revistas de viajes- de manera indeleble. Y no es broma eso de los fascículos, porque si, ya con otro poder adquisitivo, un día te pedías la enciclopedia de diez tomos Historia de la Navegación, al traerla a casa, a ver quién era el guapo que leía una por una sus cuatro mil páginas y admiraba con delectación sus seis mil fotos y grabados, un suponer... Otra cosa era traerte a casa el fascículo semanal (quince pesetas): ya en el tranvía, habías leído la mitad y te habías enterado de lo que era un trirreme o un bricbarca, otro suponer…

Lo mismo pasaba con los cromos. Yo he dibujado en varias ocasiones un ornitorrinco, lo tengo en varios libros y en el google, pero la imagen que se me aparece en primer lugar, es la aquel cromo del álbum de animales de Fher… ¿o era de Toray? Luego estaban los cromos “repes”, otra bendición del reciclaje, no los pegabas en el álbum, pero los llevabas en un mazo con una goma elástica a jugarlos en el patio del cole, era como aquel rico de pueblo que en las pelis de Pepe Isbert, sacaba de la faltriquera el fajo de billetes de mil. No les iría mal a los chicos de ahora, entre videojuego y “Esponja” coleccionar y descubrir el primer Sputnik, las cataratas de Iguazú o la gacela de Grant, que hay mundo más allá de los Gormittis. Ya en solitario, saqué adelante bonitas colecciones de cromos, para Bruguera, Ruiz Romero o Ediciones Este, “Mis casitas” “Todo” “Técnica y Acción”… ¡Qué tiempos!

A.: No puedo dejar de pedirte que te detengas por un momento en ese hito del coleccionismo que fue “El Porqué de las Cosas”, que realizaste para Bimbo. Como yo, son muchos los cuarentones que aún recuerdan el día que estrenaron el primero de los álbumes de aquella serie, recortando ansiosamente, para después pegarlos, aquellos cromos de cortesía que venían en el interior… ¿Cómo fue concebido y cómo se realizó “El Porqué de las Cosas” y qué recuerdas de tu trabajo en aquellos días?


I.M.: No lo recuerdo muy bien, fue por medio de una agencia de publicidad, yo trabaje para varias en aquel tiempo. En el álbum colaboramos varios ilustradores, entre ellos Segrelles. Hace unos años lo reeditaron (un primer intento “vintage”) pero se olvidaron de mencionar a los autores… una pena.

A.: La ingratitud de muchos editores españoles ha sido proverbial… precisamente por eso es más necesaria esta entrevista… Dime Isidre, sin lugar a dudas España, y muy en particular Cataluña, ha sido vivero constante de grandes artistas e ilustradores. La literatura popular ha estado íntimamente ligada a la ilustración, tanto de portadas (más espectaculares, al tener que cumplir la función de atraer irresistiblemente al lector hacia el producto) como de ilustraciones interiores (menos conocida y estudiada, pero en muchos casos igual de importante). ¿A qué atribuyes esta extraordinaria feracidad española y catalana en materia de dibujantes e ilustradores?

I.M.: España en general y Cataluña en particular, es tierra de artistas; y un ilustrador, no es más que un artista “autocontrolado”, mentalmente dispuesto (como un compositor de música de películas) a contar gráficamente algo, que ayude, o acompañe, la comprensión de un texto. Desde que la pintura, a comienzos del siglo XX empezó a apartarse decididamente de la representación (y en parte, también de la comprensión popular) la ilustración ha sido mirada por encima del hombro por el ARTE en mayúsculas. A Norman Rockwell le ha costado ser reivindicado, al mismo Sorolla le tacharon de “literario”… Por suerte las aguas vuelven a su cauce, Arthur Rackham, vuelve a ser un gran artista, incluso los historicistas (Madrazo, Casado del Alisal) han vuelto al Prado. A los catalanes, gente práctica, nunca les costó adaptar su técnica a un fin determinado, las artes aplicadas, en el Modernismo, es un buenísimo ejemplo.

EL ÚLTIMO MOHICANO DEL PULP

A.: Cambiando un poco de tema, has dicho alguna vez que no eres particularmente aficionado a las novelas policíacas, lo que no quiere decir, seguramente, que por tus manos no hayan pasado infinidad de novelas populares, teniendo en cuenta que has realizado trabajos para editoriales, como Bruguera, de enorme trascendencia para la historia de nuestra literatura popular. Nos gustaría conocer tu opinión sobre la importancia de ésta desde el punto de vista sociológico…, digámoslo así, como vehículo de entretenimiento y cultura popular…

I.M.: Efectivamente, no lo soy. Por eso Marta, mi mujer, me leía la novela cada semana para ilustrar la cubierta del “Club del Misterio” de Bruguera. Una vez decidido el tema, ilustrarlo me divertía, la técnica, ya “retro” en aquel momento, no me era difícil, una acuarela bastante trabajada y unos modelos de película o familiares, Marta, Marc (mi hijo) y yo mismo, aparecemos por ahí, de asesinos o víctimas. El mayor problema: no desvelar ninguna clave con el dibujo en cuestión. ¿Importancia de la literatura popular? Mucha, sólo con mirar en Internet, ves la cantidad de enfermos de “Club de Misterio” que con cuarenta y tantos años encuentras por ahí, y lo mismo con las aventuras de Marcial Lafuente Estefanía, El Coyote de Mallorquí, y tantos otros… La evasión siempre ha sido necesaria, y esta no es de las peores, comparada con el “Gran Hermano” de turno. Los culebrones de la tele cumplen hoy la misma función.

A.: La historieta o, si preferimos el término importado, el cómic, marcó a finales de los años cincuenta del siglo pasado el comienzo del declive de la novela popular. Tú has trabajado en ambos formatos, ¿qué diferencias principales encuentras entre trabajar como ilustrador de portadas (con sus mayores dimensiones y su función de principal atractivo para la venta del producto) y como dibujante de cómics? ¿Qué suponen a nivel narrativo las ilustraciones interiores de una novela? En definitiva, lo que queremos llegar a saber es: ¿cómo aborda un ilustrador profesional formas tan distintas de narración gráfica?

I.M.: Son tres cosa diferentes. La portada de una novela es como un póster, debe contar algo y al mismo tiempo gritarnos desde el quiosco, mis años de publicitario me han ayudado para ello. Las ilustraciones interiores de un libro son una empresa muy atractiva. Yo he trabajado en cantidad de libros juveniles e infantiles y lo sigo haciendo. Por un motivo u otro es casi el último reducto de la ilustración tradicional. A mí, cada texto me sugiere una técnica y un estilo, es apasionante… El cómic es otro lenguaje. Grandes dibujantes de cómic como Harold Foster ponían ilustraciones, una tras otra y no hacían cómic. Yo hice muchos cómics para Warren en los setenta, y mi técnica narrativa también era dudosa. A mis sesenta y tres años estoy dibujando el segundo álbum de mi vida, “Wigalois” (el primero fue “El Mecanoscrit del segon origen”). Este es una antigua historia artúrica para Alemania y gracias a Christof, su “Art Director” (nunca antes trabajé con otro), estoy descubriendo cosas de este lenguaje que nunca tuve en cuenta. Trabajar un cómic de sesenta y cinco páginas es pesado, estresante, pero gratificante al final… ¡Espero…!

A.: Aunque queda algo fuera de nuestra especialidad, el mundo del cómic nos interesa mucho, como singular manifestación de la cultura popular. Desde los años setenta en que trabajaste con Toutain y Warren, cuando todavía el cómic era un producto de consumo que se distribuía principalmente en los quioscos, hasta hoy, en que vemos las estanterías de prestigiosas librerías pobladas de “novelas gráficas” o “cómic de autor”, ¿qué ha sucedido? ¿Se ha verificado tan sólo un proceso publicitario-empresarial de “dignificación” del cómic y de sus lectores o realmente el término de “cómic de autor” responde a un nuevo producto cultural que le distingue de otras expresiones, más pedestres, surgidas de la revolución digital? Personalmente, me surgen dudas cuando veo novelas gráficas de argumento original y elevada calidad artística junto a otras que no parecen tan elaboradas…

I.M.: La evolución del cómic ha sido larga y procelosa, por lo menos en nuestro país. En un principio estaban los tebeos (TBO, Pulgarcito, DDT, Pumby, Florita) y la historieta de aventuras (Roberto Alcázar, El Capitán Trueno, etc.). Después vinieron los superhéroes importados (Superman, Capitán América, etc.). Todo ello iba dirigido a la infancia y a los jóvenes de ambos sexos. Más tarde, las series de animación de la tele se llevaron por delante aquello, con contadas excepciones. Luego aparecieron los cómics para un público más crecido, Creepy, S.F., Tótem, 1984, Metal Hurlant… Yo creo que, aparte del imparable manga (Garaje Hermético nos ponía cara de tontos), una gran vaciedad en los guiones se fue adueñando de este mundo. Se dejaba (salvo honrosas excepciones) de contar historias y se hacían otras cosas. ¡Y quede claro que Moebius es un genio! Si este campo lo acabará llenando en nuestro país la novela gráfica, está por ver. Pues aún es una cosa minoritaria y, sobre todo, irregular. El amigo Beá solía decirme, ¿Quién puede mantener la calidad del dibujo en una novela gráfica de trescientas páginas? Yo soy incapaz de leer una novela gráfica, soy demasiado exigente, casi siempre me sobran los dibujos.

A.: Regresemos por un momento a la edad dorada del pulp español, los años treinta, cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Tus predecesores, los ilustradores de aquella época, eran muchas veces los principales responsables de que una publicación se vendiera o no, si bien es cierto que editoriales como Molino o Juventud solían ofrecer también novelas de calidad firmadas por autores prestigiosos. Estos profesionales casi siempre trabajaban a marchas forzadas, haciendo compatible su actividad como ilustradores de novelas populares con otras como la publicidad o los álbumes de cromos. Nuevamente aparecen así nombres míticos para los aficionados como Xirinius, Bosch, Longoria, Bocquet, Tomás, Vicente, Freixas o Riera Rojas… ¿En qué medida te sientes identificado con ellos ahora que, volviendo la vista atrás, tienes tras de ti una importantísima trayectoria profesional? ¿Eres consciente de que para muchos de nosotros eres su último gran sucesor, al haber puesto broche de oro a toda una época de grandes ilustradores de novela popular?

I.M.: Nunca pensé en la posibilidad de ser el último mohicano del pulp español. Ciertamente, los mencionados, son mucho o poco, mayores que yo, y la verdad es que no conozco ilustradores similares más jóvenes… pues vaya, ¡me estás dando la noche!

A.: Resulta inevitable preguntarte por tu trabajo en Bruguera: ¿cómo llegaste a colaborar con ese emporio editorial, cuáles fueron tus principales trabajos y qué recuerdos guardas de esa etapa?

I.M.: Después de mi época con Conde quedé saturado de cromos y volví a la publicidad. Por un compañero de “Gamma” contacté con ellos, fue en 1970, el año en que me casé y me convertí en freelance al tiempo. Estuve con Bruguera hasta su fin, con ellos hice colecciones de cromos y un montón de cubiertas, las cien del “Club del Misterio” las cien de “Club Joven”, “Biblioteca Roja” y las de ciencia ficción “Serie Naranja” de buen recuerdo… esas sí que las leí todas.

A.: Los lectores de Acotaciones y los fans de la colección no nos perdonarían que pasásemos de largo sin hablar del “Club del Misterio”, al que hemos calificado de “penúltimo pulp español”. Del gran interés por esta colección da fe el tráfico todavía existente en libreros de lance y lugares de venta por internet, algo que no resulta extraño si tenemos en cuenta que “Club del Misterio” reunió muchos de los clásicos, antiguos y modernos, policíacos y de misterio, géneros que en la actualidad están experimentando un nuevo impulso en el panorama editorial español. ¿Quién te propuso ilustrar las portadas de esta colección y cómo fue desarrollándose tu actividad?

I.M.: Ya te he hablado un poco de “Club del Misterio”, pero puedo contar algo más. En aquel tiempo aterrizaron en Bruguera dos grafistas argentinos con ideas nuevas, Neslé Soulé y Espagnuolo que revolucionaron la maquetación de las colecciones y parece que nos caímos bien. Todas estas colecciones, con sus más de doscientas treinta cubiertas, las realicé en esta época. Conservo buenas amistades de Bruguera después de treinta años, Pellicer, Mallol… fue una buena época.


A.: La colección también contó con la participación de excelentes dibujantes como Julio Vivas o Carlos Freixas, junto a otros menos conocidos, como responsables de las ilustraciones interiores. ¿Mantenías algún tipo de relación con ellos a la hora de concebir cada número?

I.M.:En realidad, nunca traté con ellos, de hecho no llegué a conocerlos. Los colaboradores de Bruguera eran muchísimos, lo bueno era encontrarte en caja, haciendo cola para cobrar, a Escobar, Raf o al gran Vázquez.

A.: Hacia el final de la colección (creo que en el número 134) dejas de ser el autor de las portadas, ¿hubo alguna razón específica para dicho abandono?

I.M.: No recuerdo, tendré que buscar en el desván, cuál fue mi última cubierta.

A.: Un poco más tarde, la editorial Fórum lanzó al mercado una colección en formato similar al de “Club del Misterio”, titulada “Círculo del Crimen”. A diferencia de la primera, en ella participó un gran número de ilustradores en la confección de las portadas. ¿Cuál es tu opinión sobre esta última?

I.M.: Casi no las conozco, las revisaré en google, supongo que en aquella época post Bruguera, yo andaba ya en otras cosas, igual “padessiendo” con Disney.

INFATIGABLE ILUSTRADOR

A.: Para el aficionado al pulp y, en general, a la literatura popular hay vida –aunque no demasiada- más allá de las dos grandes colecciones que hemos mencionado. Tras concluir tu trabajo en Club del Misterio, ¿seguiste ilustrando portadas para Bruguera o para otras editoriales?

I.M.: Bruguera finiquitada, trabajé para “Selecciones Ilustradas” para editoriales americanas durante treinta y cinco años. También ilustré libros juveniles para “La Galera”. Hace dos años se celebraron los cuarenta años de “La Colla dels 10” mi primer libro ilustrado. Libros de texto para “Vicens Vives”, “Teide” y “Plaza y Janés”…, la danesa “Egmont” y, entre otras muchas cosas, treinta libritos de la Biblia para niños. Durante nada menos que cuarenta y dos años he estado colaborando en la revista infantil “Cavall Fort”. Cómo no, los recordados “Kalkitos” del amigo Felix Rodríguez de la Fuente. “Círculo de lectores”, varias editoriales alemanas…., carátulas de DVD para Planeta, promociones para Donettes y Bollycao (más de doscientas tiras de Donettes). No quisiera olvidar los queridos juegos Cefa de los ochenta (Templo Cobra y casi todo el catálogo de aquellos años), ni los veinticinco años de juegos y puzzles para Educa… Lo dicho, casi de todo.

A.: Una vez abandonado el formato pulp, tan sólo sobrevive otro formato dentro de la literatura popular, el libro de bolsillo o “bolsilibro”, como le llaman algunos. Sin embargo, vemos cómo –dejando aparte la fotografía o el collage- las portadas se fueron alejando cada vez más del modelo canónico de ilustración figurativa, directamente evocadora de escenas incluidas en el texto, para entrar de lleno en la abstracción o el expresionismo abstracto. ¿Qué opinas de ello? ¿Crees que estamos en la actualidad frente a una vuelta de la figuración?

I.M.: El regreso a la figuración está llegando a todas partes, lo primero, al arte de las galerías. Es una ley pendular, cincuenta años de abstracción y veinte de instalaciones dan paso a una recuperación de la pintura representativa. Incluso en las portadas de novelas donde hace cuatro días sólo aparecían fotografías o grafismos, hoy aparecen también reproducciones de ilustraciones, casi siempre clásicas. Si el libro digital se impone para el uso común y el formato convencional se convierte únicamente en objeto de regalo o pieza exquisita, seguro que la ilustración formará parte de este futuro libro, más caro, quizá numerado y, claro está, no de usar y tirar.

A.: Con la llegada de las técnicas de ilustración y montaje digital se ha perdido, en nuestra modesta opinión, buena parte de la maestría en un oficio antiguo, que tenía tanto de artesanal, como es el de ilustrar las portadas de los libros y publicaciones periódicas. Suponemos que, con el paso del tiempo, te has tenido que ir yendo adaptando a las exigencias de las nuevas técnicas. ¿Cómo se trabaja hoy en día? ¿Sigue teniendo el arte de ilustrar algo de oficio artesano o la tarea del artista se reduce a concebir la idea y trazar el boceto, dejando a los programas informáticos buena parte de la tarea de acabado de la obra, tan importante a la hora de que el artista deje su impronta en ella?

I.M.: Yo empecé en publicidad en 1962, pues bien, los textos para los anuncios de prensa, los pedíamos a la imprenta (según catálogo de tipos) y los montábamos con regla y cartabón sobre un cartón blanco normal, pues el cartón pluma no existía. A mediados de los sesenta aparecieron las letras transferibles, un invento bonito que permitía jugar con los espacios y con líneas de texto sinuoso, aunque por el camino del estudio al taller del grabador, podía caerse tranquilamente un cacho de letra y hacerte la pascua. Eran textos “pop”, ciertamente creativos, pero confusos, y que obligaban en ocasiones a girar el periódico o darle vueltas, para leerlos.

Más tarde aterriza en los medios la fotocomposición, agonizan las imprentas convencionales que no se reciclan y el mundo sigue, pero su vida es efímera, pronto cada quisque monta sus textos en pantalla y hasta ahora, esto es un peligro. Cuesta comprender que el color luz y el color pigmento no son lo mismo, cualquiera (y que me perdonen los fetén) puede maquetar un folleto con textos en negativo y de tamaño minúsculo sobre una foto ligeramente baja de tono. La pantalla lo aguanta todo, luego eso pasa a la copistería, nadie comprueba nada (¡aaah… las viejas pruebas de grabador y de impresión!) y el resultado es más confuso e ilegible que algunos anuncios “pop” setenteros.

La evolución de la ilustración es parecida, pero hay diferencias notables, ha desaparecido el original, esa pequeña obra de arte, que se ha convertido en un raro tesoro. Tenemos, cuando menos un par de generaciones de diseñadores-ilustradores, que lo han confiado casi todo a la maquinilla, así que los que, como mi hijo, (ilustrador digital total, pero amante del dibujo manual) son todoterreno, gozan de grandes ventajas, una de ellas, la de ser pocos. Yo cuelgo en mi blog de “técnicas tradicionales en peligro de extinción” mis ilustraciones de cuarenta años, en todas las técnicas posibles, contando su proceso de creación, y sigo trabajando a mano y practicando, cuando hay tiempo, con el “Photoshop”.

NUEVOS TIEMPOS, NUEVOS DESAFÍOS

A.: Ahora toca hablar del presente. Sabemos por tu blog y tu sitio web que sigues en plena forma, pero nos gustaría que nos contases qué es lo que más te atrae en la actualidad, ¿quizá la obra personal?

I.M.: Si yo trabajara en un banco, una oficina, y no digamos al volante de un camión, estaría esperando la jubilación, anticipada a poder ser. Pero soy autónomo, freelance, y sólo cobro derechos de autor de tres, de mis más de doscientos libros ilustrados. Mi ilusión es, con salud, seguir ilustrando libros infantiles enteros en cualquier técnica posible o plumas para que los coloree un ilustrador digital (como el comic del Wigalois presente). Siempre nos quedará el dibujo… ¡no hay nada como el lápiz!
Otra cosa es que con la crisis de los últimos años, he tenido que “reiventarme” en proyectos no ensayados anteriormente: exposiciones de cuadros (el acrílico acuarelado, es una gran cosa), autoedición de dibujos a pluma y a lápiz, series de marcapáginas, en fin, ser más freelance que nunca. Y me he dado cuenta que el patrimonio de un ilustrador es su obra: sólo recuperé una pequeñísima parte de mis cuatro o cinco mil originales nunca devueltos. Por otra parte soy optimista. Cuando por internet veo originales míos en venta pienso que posiblemente los pocos que conservo valgan alguna cosa. Dice Jordi Labanda (por si no lo sabíais trabaja a mano y con témpera) que guarda sus originales en un banco.

A.: Isidre, tus dos hijos han demostrado que de casta le viene al galgo, pues ambos han elegido profesiones artísticas. Tu hija Nuria (www.myspace.com/ animicblog) forma parte del grupo musical Anímic, para el que -por cierto- has realizado las ilustraciones de alguno de sus discos, y tu hijo Marc es un excelente pintor, ilustrador y diseñador gráfico (www.marcmones.com). Dada tu condición de profesional del dibujo ¿en qué medida crees que tu trabajo ha influido en la formación del estilo de éste último?

I.M.: Es cierto, mi hija Nuria toca la guitarra eléctrica en el grupo Animic (por cierto podéis escuchar en la red su último disco “Hannah”) y Marc es un excelente ilustrador polivalente. También Marta pinta hermosos cuadros al pastel (en mi blog podéis ver alguno). Seguro que Marc recibió influencias de verme día y noche sobre el tablero pintando cosas casi siempre divertidas. Yo no soy profesor de dibujo, aunque pienso que es de ley transmitir los conocimientos prácticos acumulados durante tantos años. Durante tres años mantuve dos secciones mensuales en la revista “Dibus”, “Dibujuega a dibujar” y “A todo color”, intentando contar a los niños principio básicos, trucos y técnicas de ilustración tradicional. “Enseño” -no me gusta el palabro- dibujo y pintura a gente mayor y no tan mayor, y acuarela e ilustración, que son mi fuerte.

Proyectos… ¡TODOS! Escribir un cuento e ilustrarlo, adaptar Kafka al cómic (pude hacerlo en un par de ocasiones, pero poquito), adaptar al comic cuentos de Pardo Bazán… ¡se aceptan editores dispuestos! Y una cosa muy importante, subirme a la ola de la ilustración “vintage”. “Como aquellos anuncios de los cincuenta y sesenta”, te dice el art director. En ese plan, he ilustrado un par de catálogos para Baltrum, cosas para Port Aventura, o los dos últimos de Imaginarium. En este rollo somos pocos (ser un mohicano tiene sus ventajas).

ILUSTRACIONES DE AYER VISTAS POR MONÉS

A.: Isidre, no podemos resistir la tentación de terminar esta conversación sin pedir tu opinión sobre algunos de los ilustradores de la gran época del pulp español (qué le vamos a hacer, somos nostálgicos del papel amarillento). Para ello, te proponemos diez portadas de colecciones que son historia de nuestra literatura popular. Dinos, por favor, que juicio te merece cada uno de los siguientes trabajos:

I.M.: No me gusta nada opinar sobre compañeros de profesión, aunque ya sean historia, cada uno vive en un contexto y la moda y sus circunstancias le condicionan, pero si me lo pides… ¡allá voy! Reconozco que algunos (pocos) me son desconocidos…. A fin de cuentas, nunca fui un estudioso del tema… En algunos, me limitaré a comentarios sobre la ilustración expuesta, ya que es difícil encontrar información para ampliar criterios.

A.: Bien, entonces comenzamos si te parece por una ilustración de LONGORIA, para el número 1 de la “Colección Molino”:


I.M.: ¡Gran ilustrador! En la línea pictórica postmodernista de un Howard Pyle.

A.: Seguimos con una portada de EMILIO FREIXAS para el número 159 de “Biblioteca Oro”:


I.M.: Leyenda para varias generaciones, sus libritos de anatomía humana, de caballos o perros, han sido de cabecera para todos nosotros. Luego descubrí los manuales de anatomía de Loomis y me pareció un tanto rígido. Aun busco un manoseado librito suyo cuando debo dibujar un perro en acción. La cubierta en cuestión, es de manual, perfecta en su layout y su iluminación expresionista. En portadas como esa y las de Black Mask, nos inspiramos para el “look” de “Club del Misterio”.

A.: … y una de su hijo CARLOS FREIXAS para la “Colección Molino” (nº 33)

I.M.: Un ilustrador solvente, colaboró con un estilo adecuado en interiores de la colección antes mencionada. Tiene portadas mucho mejores que la mostrada.

A.: Ahora es el turno de NADAL, en “Colección Amarilla” de Maucci.


I.M.: Creo que es el mismo Nadal, con el que coincidí (aunque mayor) en álbumes de cromos de Bruguera. Muy anclado en su época, un poco teatral.

A.: Continuamos con esta portada de BOCQUET para Biblioteca Oro (nº I-34).


I.M.: ¡Magnífica portada! Grafismo sobrio, perfecto layout, Me dan ganas de buscar por ahí trabajos suyos.

A.: Proseguimos con una ilustración de NIEBLA para la portada del número 149 de “Biblioteca Oro”.


I.M.: No lo conocía. Muy interesante el enfoque y boceto, la técnica y el trazo me transmiten una cierta inseguridad, pero me temo que su estilo fotográfico reproducía mal con las técnicas de impresión al uso por aquel entonces. Me gustaría conocer sus originales.

A.: Es el turno de RIERA ROJAS, también en Biblioteca Oro (nº 139)


I.M.: Gran personalidad y eficacia, ¡¡¡Un clásico!!!

A.: Añadimos un trabajo de TOMÁS, para el número 10 de la “Colección Molino”.


I.M: Siempre me ha gustado este estilo entre serio y cómico, un poco como los ilustradores de caricaturas ingleses del XIX. Lo que aquí no me convence es la composición de la portada.

A.: También una portada de IRANZO, en “Viajes y Aventuras”, de Maucci.


I.M.: Prefiero el Iranzo cómico, el de “La familia Pepe” del Pulgarcito, que el de esta cubiertas o el cómic “El Cachorro”, pero son cosas mías.

A.: Cubierta de AGUADO para “La Novela de Aventuras”, nº 72.


I.M.: Muy en su época, convencional, el colorido le resta dramatismo, supongo que de forma intencionada.

A.: Continuamos con esta portada de SABATÉS, para el número 51 y último de “Colección Amarilla”, de Maucci.


I.M.: Profesional prolífico. Dibujante de cómics infantiles, de estuches de juguetes, de portadas realistas; siempre correcto y eficaz, otro todoterreno.

A.: Ahora, unos cuantos ilustradores a petición tuya, Isidre. Cambiando al formato de bolsillo, que obviamente exige más del dibujante al reducir el espacio disponible, comenzamos por una portada de Chacopino para Plaza y Janés. (Imagen procedente de Todocolección)


I.M.: Dibujó cuando yo era chico muchas cubiertas para "Enciclopedia Pulga", fue un suceso en su época y merecería un estudio adecuado. No sé que tienen sus ilustraciones, que sin lucir un estilo superoriginal, son siempre reconocibles. Impagables (por pictóricos) sus cromos del "oeste".

A.: Seguimos con Antonio Bosch Penalva, en la colección Corinto, de Bruguera.


I.M.: Antonio y su hermano Jordi, fueron grandes y prolíficos ilustradores. Entre los dos conforman la evolución de la ilustración en nuestro país (Imagen procedente de Todocolección).

A.: Continuamos con Gracia, ilustrador de muchas de las portadas de la extensa colección "Reno", de Plaza y Janés y con una portada de Rafael Cortiella en "Ases del Oeste", de Bruguera. (Imagen procedente de Pulpnivoria)



I.M.: Son dos eficaces e incansables ilustradores, ¿Quien no tiene por casa un volumen de colección Reno de Plaza y Janés? Ambos tienen un trazo "suelto" y vigoroso, magníficos para representar acción.

A.: Y para concluir, la portada del álbum de 1956 “Maravillas del mundo”, obra del admirado Miguel Conde, con quien trabajaste codo con codo en tus inicios… (Imagen procedente de Todocolección)


I.M.: Estos cromos de "Maravillas del Mundo" del maestro Miguel Conde, que Ediciones B reedita estos días, están el imaginario colectivo de muchísimos de nosotros. Todos hemos visto tropecientas veces "Iguazú" o "Machu Pichu" en revistas y reportajes, pero la primera imagen que hace cincuenta años se grabó en nuestro disco duro, y que aún está allí, son esos cromos de Conde. ¡Gracias amigo!

A.: Bueno, hemos llegado al final. Muchas gracias, Isidre, por haber compartido una parte de tu tiempo con nosotros. Ha sido realmente una oportunidad única de conocer de primera mano tantas cosas sobre ti y sobre tu obra, una parte de la cual puede ser admirada en Acotaciones por todos los amigos del blog. Esperamos verte con frecuencia por aquí para que sigas enriqueciéndonos con tus comentarios sobre eso que tanto nos gusta: la ilustración y la literatura popular.

I.M.: Gracias a los amigos y seguidores de Acotaciones, y para otra ocasión, ya sabéis donde encontrarme.

* * *

Para encontrar más información sobre la obra de Isidre, podéis visitar su blog o su galería en la web Ilustradores. Merece la pena visitar también el blog y la web del artista Marc Monés, al que se ha hecho alusión en la entrevista.

Las ilustraciones que aprecen dentro del texto corresponden, de arriba a abajo, a las siguientes publicaciones:

- Álbum "Técnica y Acción", Ediciones Este, Barcelona, 1980
- "Dos hombres buenos", de J. Mallorquí, Fórum, Barcelona, 1987
- "Club del Misterio", Bruguera, Barcelona, 1981
- "Kalkitos. La Huella del Hombre", Félix Rodríguez de la Fuente, Gillette España, 1978
- A.F. Morland, SerieTony Ballard, "Der Rufus Kult", Bastei Verlag, 1988
- Wigalois (inédito)

© E. Altés, 2011

8 comentarios:

Sap. dijo...

¡Qué auténtica maravilla de entrevista!
Gracias, gracias.

miquel zueras dijo...

"El porqué de las cosas" de Bimbo... qué recuerdos. Fue el primer album de cromos que completé. Mi hermano mayor coleccionaba "Vida y luz" que recuerdo también con unas soberbias ilustraciones. Borgo.

Altés dijo...

Me alegro de que le haya gustado Sr. Sap. Isidre es protagonista de un período fecundo de la historia de la ilustración popular española. Además no siempre se tiene la ocasión de disfrutar con los comentarios de un artista profesional sobre verdaderos maestros de ese arte menor que nos fascina. Un excelente dibujante y, por encima de todo, un hombre agradable y cordial, al que agradezco mucho su colaboración.

Y Borgo... ¡qué decir de "El porqué de las cosas"! Realmente no me gustaban mucho los pastelitos, pero pedía que me los compraran sólo por tener los cromos. También recuerdo "Vida y Color", "Héroes Legendarios", "Tráfico en la Tierra y en el Espacio" y, sobre todo, "Hombres, Razas y Costumbres". No paraba de mirarlos y remirarlos.

El Abuelito dijo...

...una entrevista cabal e interesante, muy de agradecer...

Carlos Abraham dijo...

Excelente entrevista. Felicitaciones.

Fué muy buena idea presentarle tapas de pulps para consultar su opinión.

Altés dijo...

Gracias a El Abuelito y también a Carlos Abraham por sus palabras. Yo le felicito a mi vez, Don Carlos, por su reciente adquisición del nº 1 de Amazing Stories que el resto de los mortales tenemos que conformarnos en leer escaneado, que suma a los números que ya posee. ¡Preciadísimo objeto de colección!

Carlos Abraham dijo...

Es un sueño hecho realidad. De todos modos, aún me falta mucho para completar la colección de Amazing Stories. Por el momento me estoy concentrando en los números de los años veinte, de los que tengo unos dos tercios del total.

Si desea que publique en el blog algún material argentino que sea de su interés en particular, no dude en avisarme los títulos que le interesen.

Isidre Monés dijo...

Me rejuvenece ver que alguien recuerda esas cosas, los cromos, los calkitos, El Club del misterio, El Imperio Cobra y Cefa en peso.
Gracias compañeros.
Tambien es una suerte, que el vaiven de las modas, (o la crisis) haga que ciertas técnicas de los 60/70, aparezcan más frescas ahora, que en los ultimos 20 años.
Suerte, claro está para, un ilustrador con una edad.
Monés "el viejo"