¡NUEVO! BIBLIOTECA ORO ROJA nº 27, COLECCIÓN MOLINO (I) nos. 19 y 23, MAUCCI VIAJES Y AVENTURAS nº 6

TERRY STEWART - LA SOUPE À LA GRIMACE

Terry Stewart, La soupe à la grimace, Coll. Série Noire nº 152, Gallimard, Paris, 1953

¿Terry Stewart? Suena demasiado anglosajón. Lo cierto es que el autor francés Serge Arcouët no se rompió demasiado la cabeza a la hora de elegir un seudónimo para escribir novelas. Sin embargo, consiguió lo que quería: escribir relatos de lo más hard boiled, siguiendo la estela de los grandes autores norteamericanos. Y no crean que sólo emuló con enorme dignidad a Chandler o McCoy, sino que sus dotes narrativas le permitieron escribir relatos como La soupe à la grimace (permítanme que me atreva a trasladar a nuestro idioma este hermoso giro de la lengua de Corneille como Mal ambiente) cuya atmósfera insana y agobiante envuelve a unos personajes que terminan por adoptar comportamientos demenciales. Personajes que no paran un sólo instante de trasudar en este innominado rincón semiselvático de los Estados Unidos, fronterizo con el vecino México, que acoge a desechos de tienta de ambos sexos en la no demasiado grata tarea de horadar las entrañas de la tierra en busca de uranio. En medio de este escenario, un ingeniero con pocos escrúpulos se empeña en ahondar en el sinsentido de su vida con la ayuda de seductoras hembras de belleza animal que se disputan sus favores.

Cartel de la versión cinematográfica de La soupe à la grimace, dirigida por Jean Sacha, con Georges Marchal y Maria Mauban en los papeles de Frank Keany y Moïra Worden. Él, de profesión dur à cuire, amante ocasional e ingeniero de minas en sus ratos libres. Élla, mujer dispuesta a destrozarle la vida al hombre que ha elegido por víctima, ...como toda femme fatale que se precie.

Pero no acaba aquí el elenco de tipos marginales. Es poco frecuente encontrar una novela que reúna a tan selecto grupo de escoria humana. Un doctor consagrado día y noche a trasegar absenta que termina obsesionado por hendir el escalpelo en todo bicho viviente que se le ponga por delante, un viejo minero enloquecido por la sed de oro con más que evidentes instintos asesinos, un grupo de trabajadores nativos que se embriaga hasta abandonarse en un orgiástico finale... Para acabarlo de arreglar, el cólera se extiende por el campo minero, convirtiendo a sus pobladores en auténticos zombis de grisáceo rostro que van dejando allá donde van la marca de la ominosa epidemia.

Fotograma de la película, en la que los protagonistas se muestran en actitud más que prudente. Prepárense para todo lo contrario si abren las paginas de la novela.

La soupe à la grimace fue prontamente llevada al cine (1954), de la mano de Jean Sacha, con Georges Marchal y Maria Mauban en los papeles protagonistas. No he tenido la oportunidad hasta ahora de ver este filme, que ardo en deseos de tener en mi pantalla. Con que la película sea capaz de reflejar, como intuyo, tan sólo una mínima parte de lo que se cuenta en la novela, me daría por satisfecho. Sobre todo porque me subyuga su atmósfera asfixiante, el peligroso contacto con la pechblenda extraída de la mina, las miasmas que vuelven pestífero el aire que se respira, la no menos mefítica atmósfera moral que envuelve a unos personajes dispuestos a revolverse inútilmente frente al destino con la misma ciega ira con que lo harían unas inmundas sabandijas retorciéndose en el fondo de un pozo negro.

Nunca había topado con un relato criminal, temprano como es éste, con tan acusado perfil gore. Aquí se mata, se muere y se entierra sin sutileza alguna. La soupe à la grimace hará sin duda las delicias de los aficionados al mestizo cruce de géneros. Una mezcla de puro noir y horror explícito, salpimentada con su tanto de excitante erotismo salvaje.


* * *

Serge Arcouët (alias Terry Stewart, alias Serge Laforest) nació en Nantes, como Julio Verne, en 1916 y murió en 1983 en su bella ciudad natal. Le cabe el honor de haber sido el primer escritor francés en figurar dentro de la lista de autores de la colección "Série Noire" de Gallimard, con la publicación de su novela La mort et l'ange (nº 18). No me consta que ninguna de sus obras haya sido traducida al español. Una verdadera lástima.

2 comentarios:

andres porcel dijo...

Como siempre, gracias por su excelente trabajo, difundiendo además joyas desconocidas del noire... hace poco leí Max y los chatarreros, de Claude Neron, de la que recuerdo difusamente la película, entrevista en la adolescencia. Me quedé sorprendido de su fuerza y de la forma tan diferente a la americana de narrar, con una atmósfera que nada tiene que envidiar a un Ross Mac Donald. También el tándem Boileau-Narcejac tiene buenas incursiones en los negro; por no decir deldios Maigret, todo un continente literario.
Gracias. No se canse.

Altés dijo...

Buena idea lo de Max y los Chatarreros, yo lo leí hace mucho tiempo, creo que lo tengo por ahí en la serie policial de Ediciones de Bolsillo. Ciertamente, esta Série Noire es una caja llena de agradables sorpresas. En cuanto a Frank Gruber, está ya muy cerca en la lista de espera, pronto lo veremos por aquí, Don Andrés. Un abrazo.