¡NUEVO! BIBLIOTECA ORO ROJA nº 27, COLECCIÓN MOLINO (I) nos. 19 y 23, MAUCCI VIAJES Y AVENTURAS nº 6

BENOIST-MÉCHIN EN LA FÁBRICA DE VOVES

El periodista Jacques Benoist-Méchin, prisionero de guerra de los alemanes, se interroga tras la derrota sobre el futuro de Francia. Las preguntas del atribulado prisionero de 1940 comenzarán a tener respuesta un año después, cuando a las órdenes del almirante Darlan desarrolle su actividad en el marco de la primera etapa de la colaboración. Después vendría el abandono de Vichy con la llegada de Laval al poder, el fin de la guerra y un prolongado encarcelamiento. Las paredes de la fábrica de Voves donde fueron retenidos por la Wermacht aquellos soldados franceses, ya no existen. La Francia que conocieron, tampoco. Algunas de las preguntas que se hacía el prisionero en aquellos calurosos días de junio de 1940 continuan todavía sin respuesta:

"(...) Entonces ¿qué?, ¿evadirse? ¿Huir? ¿Unirse al general De Gaulle? He oído decir vagamente que estaba constituyendo una Legión. ¿Pero por qué está combatiendo exactamente? ¿Por Francia o por Inglaterra? En el peor de los casos, se trataría de una estafa moral; en el mejor, de la prolongación desesperada de antiguas equivocaciones. En suma, nada puro... y ante todo lo que nosotros necesitamos es una cura de pureza. Busco en vano una salida, una fisura. No la veo por ninguna parte. ¿Suicidarse? Puede que para un individuo sea una solución. Desde luego no lo es para un pueblo. Un pueblo no puede recurrir a ésto. Un pueblo nunca podrá evadirse de la tierra. Como mucho puede zambullirse de vez en cuando en el baño sangriento de una revolución. Si, es preciso hacer una revolución, pero ¿cuál? ¿Con quién? ¿Una revolución controlada por el vencedor, que no hará sino remedar instituciones extranjeras? Sería preciso, para salvarnos, algo completamente nuevo. ¿Pero dónde encontrarlo? Revoluciones de izquierda y golpes de estado de derecha, guerras civiles y guerras de religión, guerras de conquista y expediciones coloniales, ya hemos hecho de todo, ya hemos intentado todo, ya conocemos todo. Las combinaciones de la Historia no son infinitas. El socialismo con Proudhon, el comunismo con Baboeuf, el racismo con Gobineau, el fascismo con Sorel, nosotros fuimos quienes lanzamos estas ideas al mundo, ¿y ahora quieren que las adoptemos nosotros con el ardor maravillado que provocan los nuevos inventos? Nosotros que hemos sido maestros en el arte de construir y de destruir -y Dios sabe si hemos llevado lejos el arte de destruirnos a nosotros mismos- hemos llegado a perder, en la actualidad, hasta el derecho a la palabra. Otros lo ejercen en nuestro lugar. Por más que me exprimo el cerebro, no me proporciona ninguna respuesta a las mil cuestiones que se acumulan, entrechocándose, en mi cabeza. Vuelvo mi rostro hacia la pared para esconder mi pena. Con la frente apoyada en una piedra, lloro con cálidas lágrimas. Es la primera vez que lloro desde el comienzo de la guerra..."

Jacques Benoist-Méchin, La moisson de quarante - Journal d'un prissonier de guerre, Albin Michel, Paris, 1941, pp. 50-51 (inédito en castellano, traducción de Altés)

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