¡NUEVO! BIBLIOTECA ORO ROJA nº 27, COLECCIÓN MOLINO (I) nos. 19 y 23, MAUCCI VIAJES Y AVENTURAS nº 6

EL CRUCERO DEL HACHÍS

Henry de Monfreid, La croisière du hachich,
Le Livre de Poche nº 834-835, Paris, 1962
Muchos de los amigos que siguen este blog han bebido en su juventud, y beben todavía ahora, llegada la edad madura, en las fuentes inagotables de la aventura. Verídica o fabulada, heroica o vil, luminosa u oscura, por mar o por tierra, de ayer, de hoy o de mañana, bajo todas sus formas, la aventura despierta al inconformista que algunos llevamos dentro, aunque de ordinario vivamos enfundados en el terno muelle y aburguesado de los quehaceres cotidianos.
Frustrado robinsón, el aventurero de biblioteca gusta de internarse por oscuras veredas no holladas por el hombre, pone la proa de su barco hacia latitudes lejanas, se permite el lujo de contemplar los cielos desde la oscuridad absoluta del océano, frecuenta sin temor la compañía de indígenas de torva y equívoca mirada, bate las selvas para vivir de la caza y de la pesca, enfrenta los mayores peligros por el puro placer de correr un riesgo…  Todo ello, por supuesto, desde la acogedora y segura posición que le proporciona su confortable butaca.
Para otros, muy pocos, queda el gozar de los placeres de la verdadera aventura. Poquísimos, es cierto, y menos aún quienes deliberada o involuntariamente han visto como su propia vida, por inusual y exótica, les convertía en auténticos aventureros.  Este último es el caso del protagonista de la entrada con la que regresamos tras un período de retiro obligatorio que se ha prolongado bastante más de lo que hubiéramos querido. En efecto, Henry de Monfreid es uno de los personajes más curiosos del siglo XX, a quien con toda razón puede calificarse de extemporáneo, ya que ningún otro occidental de su época –a excepción quizá de Lawrence de Arabia- pudo vivir como él lo hizo, ni creo que hombre alguno se haya atrevido a hacerlo después. Habría que remontarse a la segunda mitad del siglo XIX, en pleno auge del colonialismo, para encontrar un puñado de europeos que como él se hayan integrado plenamente, hasta mimetizarse con ella, en la vida de regiones tan inhospitalarias como las costas del Mar Rojo, las peligrosas soledades del Cuerno de África o el desconocido país de la reina de Saba. Navegante intrépido, empresario de escaso éxito, contrabandista en armas, perlas y drogas, soldado de fortuna al servicio de la Italia de Mussolini y, finalmente, pintor de cierto nivel y escritor de renombre, la figura de Henry de Monfreid se adapta como ninguna otra al arquetipo romántico-colonial de aventurero audaz que transpira ansias de libertad al tiempo que trata de sacar provecho de sus peligrosas andanzas.
Henry de Monfreid, Les secrets de la Mer Rouge,
Le Livre de Poche nº 474-475, Paris, 1959
Nadie como él ha pintado con trazos más vivos el extraño carácter de los somalíes, quienes formaron parte de las distintas tripulaciones de su dhow, ni nadie hasta hoy ha sabido y podido integrarse tanto con ellos. Hasta tal punto llegó en su proceso de mimetización, que Henry de Monfreid decidió convertirse al Islam, adoptando como nuevo nombre el de Abd-el-Haï -¿parece, no es cierto, que estuviésemos viendo al propio Old Shatterhand transmutado en Kara Ben Nemsi? Tampoco nadie ha descrito con palabras más exactas el soplo furioso del temido Kamsin, el olor nauseabundo de la afrodisíaca holoturia puesta a secar en la playa –recordamos al maestro veronés en Los pescadores de trepang- o la atmósfera viciada por el humo del hachís en un café de El Cairo.
De tal modo está ligada la figura de Henry de Monfreid a las remotas regiones donde vivió buena parte de su vida que hemos olvidado mencionar su lugar y fecha de nacimiento. Nació en Leucate (Francia) en 1879 y murió en la localidad también francesa de Ingrandes, en 1974.  Una larga existencia, sin duda, para hombre de vida tan azarosa. Se atribuye al escritor Joseph Kessel el hecho de haber sido quien alentara su vocación literaria. Así, en 1931 aparece la primera de sus novelas, Los secretos del Mar Rojo, de la que el propio Henry de Monfreid es protagonista, en la que relata sus experiencias como pescador de perlas y traficante de armas. Iniciará así una carrera como escritor que le llevará a narrar sus aventuras en los distintos escenarios en que se desarrolló su vida: el cuerno de África, Etiopía, la Arabia Feliz, Kenya, así como los viajes que realizó en sus idas y venidas por el Mar Rojo, el Mediterráneo y el Índico. Entre las que he podido leer destaca, por encima de todas, El crucero del hachís, donde Henry de Monfreid relata con vivo aunque cuidado estilo sus andanzas comerciales en el tráfico de tan preciado género, obtenido en Grecia y vendido con ganancia a los comerciantes de El Cairo. Perlas, armas, hachís, morfina… ningún género de contrabando dejó de ser bueno para este arriesgado negociante. O quizá sí, pues Monfreid siempre negó las acusaciones de haber participado en la trata de negros desde África hacia Arabia…
Qué parte de ficción y cuánta de realidad tienen sus relatos es algo que escapa a nuestro conocimiento. En cualquier caso, quien se acerque a su obra podrá comprobar desde el primer instante que nadie que no conozca a fondo las cosas de las que Henry de Monfreid habla puede describirlas con tanta precisión y, sobre todo, con tanta intensidad. Leer a Monfreid es viajar a lo más profundo y auténtico de la aventura. Crucemos con él las turbulentas aguas del estrecho de Bab-el-Mandeb. Recalemos silenciosos con nuestro dhow en alguna escondida rada del Cuerno de África. Contemplemos cómo Monfreid y su enigmática tripulación se ocupan del peligroso cargamento. Permitámosles que sean ellos quienes, agitando un fanal, hagan misteriosas y convenidas señales en medio de la oscuridad de la noche…  Dejémonos simplemente llevar por la lectura… Es cierto que desde el sillón no seguiremos siendo nada más que modestos aventureros de biblioteca, pero… ¿quién podrá negarnos el privilegio de haber podido compartir unas horas con el último gran aventurero de la historia?

© Altés, 2010

6 comentarios:

andres porcel dijo...

Emocionadamente le doy la bienvenida, que no ha podico estar más a la altura de las expectativas que su ausencia suscitó.
Ni idea acerca de este autor. Como aventurero de biblioteca, muy satisfecho de volver al sillón después de soportar las diarreas tropicales o los calores del desierto, intentaré encontrar algún libro en castellano. Si nuestros editores no lo han traducido, es probable que algún sudamericano sí lo haya hecho. Y con esto de la globalización, confío en encontrarlo.
Gracias por este regreso!!!

Altés dijo...

He de decir que mucho le echaba de menos yo a usted. Espero poder atender el blog en lo sucesivo como lo venía haciendo antes del forzoso hiato. La obra más o menos completa de Monfreid creo que la tiene publicada Grasset. En español me parece haber visto por ahí "Los secretos del Mar Rojo" editado por Grijalbo. Yá habrá visto que existe una web a él dedicada. Lamentablemente, está lejos de ofrecer una visión completa de la vida del escritor. El formato de las fotos deja bastante que desear... pero resulta que Gallimard las tiene publicadas en un libro...

Un verdadero placer Andrés volver a tenerle por aquí.

Ramon dijo...

"Los secretos del mar Rojo" ha sido el libro escogido para acompañarme en otro más de los cruceros que he realizado por ese mar.
A la luz de su lectura, un nuevo mar se ha iluminado ante mi y el anhelo de la aventura "per se" ha dominado mi humilde singladura.
Su lectura trasnporta a tiempos no tan lejanos; a personajes reconocibles y a hechos incofesables que siguen de actualidad. De fondo, los sempiternos tejemanejes de lso gobiernos occidentales y su falsa apariencia. Una gozada su lectura. Absolutamente recomendable.

Deka Black dijo...

Ante todo, bueno volver a verte de vuelta ^^

Y sobre este tipo de autores, ¿cuanto de realidad y cuanto de ficcion hay en sus historias? Un poco de ambas, imagino. Pero no hayque olvidar que muchas veces el "eso no puede pasar", muchas veces convierte en ficcion lo que es realidad pura y dura.

Altés dijo...

Le felicito y le envidio, Ramón, por haber podido seguir la estela del "dhow" de Henry de Monfreid. Se echa de menos en la actualidad que se escriban buenos relatos de viajes, en lugar de esas falsas hazañas que salen por la televisión o esos "viajeros por el mundo" para consumo de coleccionistas de itinerarios más o menos exóticos. De los escenarios de Monfreid sólo he pisado -como casi siempre llevado por el trabajo- Addis Abebba, donde tengo la impresión de que la verdadera aventura, hoy por hoy, es sobrevivir. ¿Conoce usted el país del Negus? Monfreid vivió también unos años al pie del monte Kenya. Me gustaría mucho conocerlo. Bienvenido a Acotaciones.

Altés dijo...

Amigo Deka Black, se diría que Henry de Monfreid hubo reflejado con bastante fidelidad sus vivencias, ya que obtuvo numerosos retratos fotográficos de los mares y tierras que recorrió. Indudablemente, sus dotes literarias le debieron permitir embellecer notablemente esos recuerdos. Parece ser que en su retiro de vejez, en Francia, algunos pudieron comprobar en persona el alcance de las cicatrices ganadas con esfuerzo a lo largo de su azarosa vida. Entre otros, el farmacéutico que encargado de proporcionarle morfina, a la que era adicto desde antiguo. Saludos y gracias por venir a leernos.